lunes, 17 de agosto de 2015

Los niños invisibles de la calle

Más de 900 niños residen o deambulan sin hogar. La mayoría proviene de familias vulnerables. Han abandonado las caletas del río Mapocho y hoy su entorno son casas abandonadas, malls y poblaciones marcadas por la droga.

 

El reloj marca las 20.30 en punto en el albergue Miguel Magone, de la Fundación Don Bosco, en Quinta Normal. El aroma de la cena poco a poco empieza a inundar el living. Florencio Colilaf, director del recinto, mira con preocupación su celular cuando llaman a la puerta. Es J.V., de 17 años, una de las adolescentes que con frecuencia acude a pasar la noche a este recinto. 

“Cuando tenía 11 años murió mi abuelo, era mi vida. Algunos familiares me culparon por su muerte y decidí irme de la casa. No sabía a lo que iba”, relata la niña, quien, tras vivir con su madre -que cayó presa por tráfico de drogas-, y pasar por dos residencias del Servicio Nacional de Menores, decidió irse a vivir a la calle con una amiga. Tenía sólo 13 años. “Ella me llevó donde unos amigos que tenía y nos fuimos a una casona abandonada; todos tenían entre 14 y 17 años, éramos como una familia. Nos apoyábamos mucho”, cuenta J.V.

Añade otros detalles: que en esos dos años se dedicó a robar para poder subsistir. “Yo era la más chica, bien pará’, pero sé que hubo otras niñas que sufrieron abusos. No quiero volver a la calle, aquí estoy bien”, acota.

M.S. tiene 14 años. Llegó a la  misma residencia donde vive J.V. hace dos meses. Tras el fallecimiento de sus padres, cuando tenía 10 años, vivió en la itinerancia. Primero, en la casa de una tía. Luego, con otros familiares, hasta que la echaron. “Entonces me  fui a la casa de unos amigos traficantes, en Puente Alto; tuvimos una pelea, estaba volado en pastillas y nos golpeamos. Llegaron los pacos y estuve en reclusión nocturna”, relata el joven, quien desde ese entonces transita entre el hogar y la calle. Hoy está en rehabilitación.

En la actualidad, 981 niños, de entre uno y 18 años, de acuerdo a cifras del Anuario del Sename de 2014, viven en situación de calle en nuestro país. La mayoría de ellos tiene entre 14 y 16 años, y más del 59% reside en los vericuetos de la Región Metropolitana.

Paula Bedregal es jefa del Departamento de Salud Pública de la Universidad Católica y fue parte del Observatorio Metropolitano de niños y jóvenes en situación de calle, de la UC, en el que participaron instituciones como el Ministerio de Desarrollo Social y entidades que trabajan con menores en esta realidad. Ella señala que  “hay varios fenómenos. Uno, en el que la familia completa vive en la calle, por lo tanto, el niño está en esa situación; otro tiene que ver con niños que definitivamente se van a vivir a la calle o que entran y salen de ella, principalmente a raíz de violencia intrafamiliar, abusos sexuales o negligencia. También se asocia a grupos que son excluidos socialmente; por ejemplo, niños que tienen alguna dificultad académica (…). Y están los  niños que viven en un entorno de delincuencia y de consumo de drogas”.

En cuanto a cifras, dice que “lo que sabemos está subestimado, probablemente hay más niños. Es difícil seguirles el rastro”. 

Sergio Mercado, director ejecutivo de la Fundación Vida Compartida Don Bosco -una de las tres entidades de la Región Metropolitana que cuenta con programas especializados en situación de calle (PEC)-, financiado por Sename, explica que “la mayoría tiene su primer contacto con este mundo entre los ocho y 10 años, en el caso de los niños, y a los 12 en las niñas”.

Mercado también se refiere a los cambios de hábitos de estos menores. Dice que muchos se han ido alejando de las viejas caletas del río Mapocho o de los recovecos de la Plaza de Armas. Hoy circulan más bien por malls, mercados, casas abandonadas y cerca de poblaciones.

“A estos niños se les ha invisibilizado; muchos creen que ya no existen, porque no se ven  tanto  en las caletas (en Santiago), como en los años 90, ni en las plazas. Eso no es así, están en otras partes, por ejemplo en las poblaciones, y afectos a problemáticas aún más complejas. Hoy estamos viendo, por ejemplo, fuertemente el tema de la influencia de narcotraficantes”.

Un fenómeno reciente, detectado por la Fundación Don Bosco, tiene que ver con niños provenientes de otros países. “Identificamos a cuatro hermanos peruanos, de entre ocho y 17 años. Son situaciones aún más complejas, pues ellos están ilegales. Chile no está preparado para trabajar con este tipo de casos”, sostiene Eliet Arenas, directora del PEC Padre Rodrigo Carranza, que trabaja en Puente Alto, La Pintana y San Bernardo.

PROGRAMAS
Respecto de cómo abordar esta problemática desde las políticas públicas, la directora del Sename, Marcela Labraña, señala que  la entidad cuenta con programas que apuntan a tratar el maltrato y la revinculación educativa, además de las residencias. 

“Salir de la calle no es fácil; de hecho, es una situación crónica y algunos de ellos incluso te dicen que prefieren estar ahí, porque arrancan de una situación de vulnerabilidad”. Añade que “lo importante es que el niño en situación de calle ingrese a un programa de asistencia. Hemos aumen- tado los programas integrales para estos niños”. De acuerdo a cifras del Sename, en 2014 un total de 527 niños fueron atendidos en programas PEC.

En la Fundación Don Bosco existe un diagnóstico compartido. La mayoría de estos niños no vislumbra a futuro ser un  adulto en situación de calle.  “Quiero ser contador, me encantan las matemáticas y la física. Y algún día, tener mi propia casa”, afirma M.S.